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Guía del Conjunto Histórico de Combarro, 1992

Para llegar a Combarro (Pontevedra, Galicia), el viajero ha de llegar a la ciudad de Pontevedra y dirigirrse hacia O Grove y A Toxa a través de la comarcal C-550. Después de recorrer seis km., divisará el pueblo.

Éste se levanta en una recogida ensenada que forma la ría, constituyendo un singular agrupamiento urbano, declarado en 1972 "conjunto de interés artístico y pintoresco" debido a su armonía y a su encanto. En la actualidad es una de las expresiones más genuinas de la arquitectura popular de Galicia.

LA HISTORIA.
         El topónimo está relacionado con la raíz comb-, que significa hondonada, valle o, sobre todo, flexión de la costa, pues el núcleo tradicional se sitúa sobre una base granítica con forma de media luna, combada en los extremos por las playas del Padrón y la hoy desaparecida playa de Chousa.
         El origen de Combarro podría residir en un castro costero, aunque los restos arqueológicos son escasos. Cerca del pueblo, en las proximidades de la ermita de A Renda (lugar de O Xuviño), se descubrió en 1980 un poblado galaico-romano conocido como A Sividá (la ciudad), que data de finales del siglo I d. C.
         Ya en 1105, Combarro y la isla de Tambo fueron donados por la reina doña Urraca y el Conde don Raimundo al Monasterio de Poio. Bajo el señorío de este cenobio benedictino vivieron sus vecinos hasta el siglo XIX, pagando cargas feudales y rentas debidas al usufructo de vivendas y tierras.
         Las que hoy son parroquias de San Xoan de Poio y San Roque de Combarro constituían el Coto de Poio y Combarro. Por ello, desde la Edad Media existió organización concejil y administración de justicia. Así consta que aquí "había horca y cuchillo, y alcaldes y jueces que conocían de los pleitos civiles y criminales". Combarro era la cabeza de dicho Coto, y en el pueblo residía el juez de esta jurisdicción.
         Su importancia tradicional coma puerto pesquero la ponen de manifiesto el elevado número de marineros (en 1719 había 97 entre los 535 habitantes del pueblo) y los múltiples hechos que aquéllos protagonizaron. Cartas de hermandad y repetidos conflictos con otros pescadores de la ría (Pontevedra, Portonovo) se sucedieron a lo largo de los siglos XV a XVIII. La lucha por la pesca, principal recurso económico de estas localidades, estaba en el centro de estas disputas.
         Al mismo tiempo, la práctica totalidad de las familias complementaban sus ingresos con la actividad agrícola. Las economías domésticas caminaban sobre dos piés: el mar y la tierra.
         Tanto era así que los vecinos se encontraban organizados en los Gremios de Mar e Terra, y como tales pleitearán en 1788 con el Monasterio benedictino de Poio. Pretendían que se erigiera una parroquia que dejara de depender de la matriz de San Juan. Ésta se hará realidad entre 1792 y 1797 (con el nombre de San Sebastián de Combarro). Pero de forma  definitiva, Combarro no será parroquia independiente hasta 1868. Su patrón fue desde entonces San Roque.
         En 1836 el nuevo Estado liberal español creó la división municipal que ahora conocemos. El antiguo Coto de origen medieval se convirtió en el Ayuntamiento Constitucional de Poio y Combarro. A él, ahora denominado sólo de Poio, sigue perteneciendo este conjunto histórico de Combarro que el viajero disfruta.

LA ARQUITECTURA
         El Combarro heredado constituye un hermoso ejemplo de arquitectura popular. Fue construyéndose adaptado al modo de vida tradicional de sus pobladores, marinero y agrícola la vez, así como al medio inmediato, optimizando los recursos naturales. Es más, forma un todo orgánico con dicho entorno, lo que ha llevado a decir a Trapero Pardo que Combarro es un pueblo "de piedra". El viajero puede contemplar como sus edificaciones se levantaron sobre el basamento granítico que da forma a la costa y llega a la misma orilla del mar. De este modo fue aprovechada totalmente la chousa ó conjunto de tierras cultivables inmediatas a las casas vivienda.
         Ese agrupamiento  tan singular, el pueblo original, se mantuvo así superpuesto a aquella orla granítica litoral hasta por lo menos 1960. Prácticamente tal y como lo había visto en 1788 el Licenciado Manuel Parcero Vallejo. Este dejó escrito que la Capilla de San Roque estaba ubicada en medio de esta Pobloación situada sobre peña viva, y rodeada por todas partes de casas. Estas últimas se hallaban sumamente apiñadas por no tener a donde extenderse (...) por estar ocupados con tierras labradías sus contornos del Poniente.
         Aquellas vivendas se articulan en torno a un eje longitudinal, que atraviesa de uno a otro extremo el conjunto urbano originario. Forman aquel eje las rúas de San Roque y A Rúa (la calle por excelencia). Allí donde el pueblo se ensancha, a aquellas les surge una paralela, la rúa do Mar, así denominada por la proximidad al mismo. Transversales a estas calles cruzan una serie de callejones. Por ellos accedían, y aún siguen accediendo, los marineros a sus embarcaciones. También los niños y las mujeres cuando van a la playa a mariscar.
         La lógica constructiva del Combarro heredado está traspasada por esta permanente presencia del mar. Todas y cada una de las edificaciones se disponen en dos cotas, al modo de una plataforma con dos niveles. Y se abren a la ría coma una gran ventana. Porque allí se forjaba la actividad económica fundamental. Y porque los combarreses y el mar dialogan desde siempre, en una mutua querencia.
         Esas casas presentan distintas tipoloxías, cuya sencillez constructiva, como corresponde a una arquitectura popular, se vuelve en Combarro la armonía que te atrapa con su sutil encanto.
         El tipo más elemental, y ya poco representado, es el de la casa terreña. Sus dimensiones son pequeñas: de quince a treinta metros cuadrados. Su pavimento es el propio terreno, la tierra o la piedra. Internamente presentaba una división muy simple e incluso inexistente.
         De la casa labriega sólo se ofrecen unos cuantos ejemplos, ubicados en los bordes nordeste y oeste del pueblo. Recordemos que tradicionalmente fueron pocos los casos de economías familiares exclusivamente agrícolas. Esta vivienda se cacteriza por su amplitud y por tener una puerta ancha para la entrada del carro de vacas. Cuenta asimismo con una serie de construcciones adjetivas, tales como cobertizos (os alboios) y establos (as cortes ó cortellos). 
         Las más extendidas son las casas con sobrado, que observamos a lo largo de A Rúa y de la calle del Mar. Sus dimensiones son muy similares, como corresponde a economías con niveles de renta bastante equiparados. Están dispuestas entre medianeras y tienen planta baja y un piso (o andar). Una escalera interior permite acceder desde el bajo a la planta superior. Una variante de esta casa es la que nos ofrece un acceso exterior a través de una escalinata de piedra (o potiño).
         En el bajo (a bodega) se almacenan los aparejos de pesca y los útiles de labranza, y muchas veces encontramos un lagar para hacer el vino. En Combarro existe una buena cultura del vino, que viene desde el siglo XVI, por lo menos; y sus aguardientes (blanca o de hierbas), aunque poco conocidas, son de las más exquisitas de Galicia.
         En el andar, que tiene suelo de madera, encontramos la cocina, la sala (o sobrado), las habitaciones (as alcoubas) y el balcón. El sobrado es el espacio más amplio de la casa y, junto con la cocina, el centro de la misma; en él estaban los muebles más cuidados de la vivienda. Las alcoubas -de una a tres- son reducidas, pues cabe justamente la cama y poco más.
         El balcón es un elemento relevante en la casa combarresa. Se trata de la atalaya desde donde se domina visualmente ese mar tan presente en la vida cotidiana. Orientado al sur, sirve asimismo como lugar de secado de las espigas de maíz en los meses de otoño. Los balaustres se ejecutan tradicionalmente en madera, en hierro e incluso en piedra. En este último caso se nos ofrecen hermosas solainas de cantería de inspiración y factura barroca. Donde se da este diálogo entre la arquitectura culta y la popular, se ofrecen al viajero los ejemplos más sobresalientes del conjunto histórico. Su realización data del siglo XVIII, siglo de gran dinamismo en el que se consolidan y dibujan los rasgos fundamentales del Combarro que ahora tenemos ante nuestros ojos.

LOS HORREOS.
         El viajero que todavía no haya recorrido Combarro, pero que ha oído hablar del pueblo, seguramente tendrá hecha una asociación entre su nombre y los hórreos alineados a la orilla del mar. Es la imagen cientos de veces difundida, el tópico, aunque no deja de ser cierto que las más de treinta construcciones de este tipo así dispuestas constituyen la mayor agrupación en territorio galego. Y una de las manifestaciones más palpables de la armonía de su lenguaje arquitectónico.
         En Combarro al hórreo se le llama palleira debido a que la paja era el material con que se cubrían los más antiguos. Asimismo vegetal era el resto de la cámara ó granero, tejido al modo de un cesto con varillas de sauce (costráns). Hoy no se conserva ninguno de estas características. La madera, el granito y el ladrillo son los materiales empleados en su construcción. En ocasiones se combinan unos y otros, dando lugar al conocido coma hórreo mixto.
         El elemento de sustentación es siempre pétreo, estando formado por un y un tornarratos, piedra esta última circular y de mayor diámetro que el , para impedir el acceso de los roedores al granero superior. Porque la palleira es fundamentalmente el lugar de almacenamento y secado definitivo del maíz, así como la construcción más representativa, junto con los eirados inmediatos a las mismas, del carácter agrícola de Combarro.

LOS CRUCEIROS
         Allí donde los callejones transversales y las rúas se cruzan, aparece una pequeña plaza. Y en esa plaza un cruceiro, esbelto y dotado de una profunda carga simbólica actualmente reducida a sus aspectos formales.
         La cruz de piedra cristianiza, y en Galicia se entiende que protege. La antropología nos habla de un culto precristiano a los dioses protectores de los caminos y encrucijadas. Esa protección aludida podría explicar que de los seis cruceiros que se alzan en el núcleo de Combarro, tres nos muestren en el reverso de la cruz una imagen de la virgen del Socorro, que en actitud violenta pisa y castiga a la representación del mal.
         Es de destacar asimismo la imagen del santo Roque acompañado de su fiel can, representados en el fuste del cruceiro existente en el atrio (o adro) de la vieja iglesia parroquial. Castelao lo tiene dibujado en su renombrada obra As cruces de pedra na Galiza. El viajero no dejará de verlo.
         Otra de las singularidades de algunos de los cruceiros de Combarro es la mesa de piedra existente delante de los mismos. Se trata de una mesa-altar que las vecinas engalanan con gran esmero todos los años para la procesión del Corpus. Antiguamente las marchas fúnebres hacían un alto ante el cruceiro, y el ataud era posado sobre esa mesa para proceder al rezo de responsos por el ánima del difunto.
         En cuanto a la fecha, los cruceiros más antiguos de Galicia datan de los siglos XIV y XV. Al que se le reconoce una mayor antigüedad es al de Melide (A Coruña). Los de Combarro son posteriores. Se hacen en el siglo XVIII (1727, 1739) y principios o mediados del XIX (1802, 1857), costeados por alguno de los vecinos del pueblo.

LAS FIESTAS.
         Combarro fue desde siempre un pueblo alegre, muy amigo de sus fiestas, en las que expresa una emoción de vivir colectiva.
         Si el viajero viene en el mes correspondiente, podrá participar en la muy ceremoniosa fiesta del Corpus Christi de Combarro, donde se combina lo religioso y lo cívico. Por la mañana misa y procesión: las rúas de Combarro se engalanan de flores y primavera. Por la tarde los maiordomos salientes (el matrimonio más antiguo del pueblo) hacen entrega del Ramo a los mayordomos entrantes, ante el resto del vecindario. Esto sucede en A Rúa, donde los concurrentes bailan una pieza para la ocasión. Luego, los congregados acuden a la casa del matrimonio entrante, donde serán agasajados con roscas, bizcochos y vino del país.
         Si el viajero llega en julio puede unirse a la procesión marítima de la fiesta del Carmen, de gran devoción marinera, y si lo hace en agosto podrá disfrutar en las fiestas de San Roque, acudiendo a las distintas actividades de la Semana Cultural, participando en la comitiva del can del santo y bailando en las verbenas hasta bien tarde. Gozará de una temperatura espléndida, y contemplará, con la noche, aquello tan hermoso que decía Florentino Cuevillas cuando constataba que a ría está sementada de estrelas.

Fuente: Guía del Conjunto Histórico de Combarro
Autor: Rafael Vallejo Pousada
Edita: Asociación para a Defensa do Patrimonio Histórico-Artístico de Combarro "A Solaina". 1992.